GUGGENHEIM. FRANCIS BACON.

La tormentosa obra de Francis Bacon llega al Guggenheim.

 

Descarado, masoquista y sincero en cuanto a sus sentimientos. Al Bacon adolescente ya le gustaba ir a ver carnicerías, tal y como recordó Martin Harrison durante mientras desgranaba la esencia de la obra del pintor, al que le gustaba que sus cuadros siempre estuvieran cubiertos por un cristal. Si algo hay en la obra de Francis Bacon es un universo de influencias a partir de la literatura, el cine o el arte francés y español, y también, de sus experiencias personales.

Una existencia marcada por el alcohol, el juego, las relaciones homosexuales y el caos. De hecho, creó un lenguaje pictórico propio para reflejar con crudeza la vulnerabilidad humana. A ello se refirió el comisario frente al tríptico Tres estudios para una crucifixión (1962), cedido por el Museo Guggenheim de Nueva York, que supuso un punto de inflexión en su carrera y que algunos expertos consideran un autorretrato del artista, con una clara influencia de Zurbarán, uno de los pintores españoles que, junto a Velázquez, Picasso, Goya, El Greco o Ribera, determinaron su legado pictórico.

Pero si hay una influencia clara en esta muestra es la de Picasso, del que Bacon decía que “abrió la puerta a todos los sistemas nuevos”. De hecho, el irlandés decidió dedicarse a la pintura cuando descubrió en la galería Paul Rosenberg de París la obra del pintor malagueño, a los 17 años. Prueba de esta admiración es la pieza Composición (Figura) (1933), que hace referencia a la obra de los años 20 de Picasso, del que se exhiben Composición (Figura femenina en una playa) (1927) y Bañista con balón (1929). Los desnudos, de varones o de figuras ambiguas, están presentes en toda la obra de Francis Bacon, imágenes que en los años 50 no podían mostrarse en público porque en Inglaterra, donde residió, se penalizaba la homosexualidad. En sus trípticos predominan los personajes aislados que el pintor transforma retorciendo sus cuerpos hasta hacerlos parecer casi inverosímiles.

El reconocimiento no le llegó hasta los años 60. “En 1959, con casi 50 años, no tenía dinero ni estudio, fue a la galería Malborough, donde le dijeron que le iban a hacer famoso, y le organizaron en 1962 una exposición en la Tate Gallery de Londres. Ahí comenzó a ser admirado”, recordó Harrison. Toda esta historia puede verse en la muestra del Guggenheim, patrocinada por Iberdrola, y de la que el director de la pinacoteca, Juan Ignacio Vidarte, aseguró que es la gran exposición por la que han esperado 20 años.

Noticia: cincodias.com

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