SMART CITIES.

Los datos económicos que obligarán al mundo a impulsar las ciudades inteligentes.

El rápido crecimiento de la población, la mayor esperanza de vida, los atascos monumentales, la lucha contra el cambio climático, unos recursos naturales cada vez más limitados… El futuro se presenta con unos problemas urbanísticos que empiezan a demandar una respuesta rápida y global.

Según los expertos, la alternativa pasa por reconvertir las ciudades y conseguir que sean capaces de interconectar los millones de datos que genera la sociedad digital con el fin de hacerle la vida más fácil. Es decir, por impulsar las llamadas ‘smart cities’. Y parece que las cifras oficiales y las previsiones les dan la razón.

Un crecimiento que aflorará problemas de espacio en las metrópolis y complicará aún más la movilidad de las personas.

El progresivo envejecimiento de la población. Los ciudadanos cada vez serán más mayores, por lo que será necesario adaptar las ciudades para facilitar su movilidad.

 “Los desafíos que plantea la expansión urbanizadora para la calidad de vida y la sostenibilidad medioambiental son incuestionables. El aumento demográfico en las ciudades y el cambio en sus patrones de producción y consumo comienzan a chocar con los límites de unos recursos naturales finitos. Las ciudades inteligentes buscarán promover una calidad de vida elevada, un desarrollo económico-ambiental duradero y sostenible, una gobernanza participativa, una gestión prudente de los recursos naturales y un buen aprovechamiento del tiempo de los ciudadanos, argumenta García.

El cambio empieza en los edificios

 “Tenemos que reinventar los edificios para hacerlos más inteligentes, más integrados y menos contaminantes. No solo son ladrillos, así que debemos convertirlos en el lugar perfecto para hacer las cosas que necesitamos hacer de la forma más eficiente y ecológica posible. Una oficina debe estar enfocada a mejorar la productividad, mientras que en un espacio para eventos debe primar la seguridad”

“La clave no está en cambiar el físico de las ciudades, sino su lógica. Ser una ciudad inteligente no significa tener una tecnología de última generación. Se trata de gestos como cambiar la frecuencia de los semáforos según el volumen de tráfico o el horario de los transportes públicos según la climatología, lograr que los edificios compartan energía o que el suministro del agua o la luz cambie en función de las necesidades de la ciudad, como tras una catástrofe natural.

“El concepto de ciudad inteligente no solo engloba software, sino también aspectos sociales, infraestructuras de energía, tecnologías de la comunicación e infraestructuras de transporte”

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